PAPÁ EN PARO. HOY: EN EL MERCADO
HACE UNA SEMANA...
Querido diario:
Ésta mañana he hecho de amo de casa y he ido al mercadillo ambulante de mi ciudad a comprar frutas y verduras. Teresa estaba liada con la tesina así que me ha acompañado mi asesora senior en temas domésticos, -es decir, mi madre-, y el elemento desconcertante y desconcentrante, 'mi hijo', también conocido a partir de hoy como 'ese-al-que no-vuelvo-a llevar-al-mercado-nunca-más'.
Camino del mercado nos hemos encontrado con mi tía, que ya volvía, y entonces se ha producido una conversación de esas que te marcan a fuego:
Madre: Vamos al mercado que Toni va a comprar fruta.
Tía: Pues no se si merece mucho la pena... En el frutero de debajo de casa las peras están a 1,20 y hoy aquí están a 2 euros.
Yo las estaba escuchando y, al mismo tiempo, mi cabeza empezaba su ya habitual actividad independiente en forma de batería de preguntas:
- ¿Cómo se saben el precio normal y comparado de las peras, por Dios bendito?
- ¿Es lo normal? ¿Debería yo saberlos también?
- Con todos los alimentos que hay... ¿Se los saben todos?
- Yo compro el pan todos los días... ¿Por qué no consigo recordar a cuánto va la barra de pan?
A ver, los listillos: ¿A cuánto va el kilo de chirimoyas? Es más... ¿Cómo se escribe chirimoya? En el mercado no lo tienen muy claro... Y otra pregunta para nota: ¿De dónde sale la chirimoya? ¿De un árbol, de un arbusto, del suelo como las patatas? Venga, todos a buscarlo en el google.
Iba yo pues, haciéndome ese tipo de preguntillas internas, cuando llegamos al mercado. Fue poner un pie allí y mi madre/asesora desapareció inmediatamante por un pasillo. Yo, incapaz de reaccionar, tan sólo acerté a escucharla murmurar desde la lejanía: '¡Voy a por calabacines, y lechugas! Tú ve comprando, ve comprando, que ahora vuelvo'.
Ten asesoras para esto.
Sólo ante el peligro. Quiero mandarinas. Me invaden sudores fríos: hay por lo menos14 sitios distintos en los que comprarlas:
MANDARINAS ROMINA: ¡Paaaaayo: dos kilos 2 euros, tres kilos 2 euros! (?)
MANDARINAS PHILADELPHIA: ¡Aquí, comete una payo, verás que bueeeeenas, tres kilos tres euros! (??) Qué Dios te bendiga, (pero si no me compras que te entre la gripe neeeegra).
MANDARINAS MOHAMED: ¡Aquí, aquí, seis kilos tres leuros, cuatro kilos cuatro leuros! (¡¡¡????!!!).
Si Dante hubiera creado un décimo infierno para los indecisos como un servidor, seguramente sería así. Dos euros para gastar en mandarinas y 14 sitios dónde comprarlas. Para volverse tarumba.
Todo eso ocurría mientras intentaba que no me robaran el dinero, que no se me colaran y que Diego no saliera huyendo, que todo lo que ha tardado en andar lo ha invertido en independencia.
Siguiente parada. Voy a por manzanas. Hay de tres clases: amarillas, rojas y verdes. Dentro del segmento 'ROJAS' que son las que me gustan hay de dos o hasta tres precios. Me bloqueo. ¿En qué se diferencian unas de otras? ¿Cómo sé si son buenas? Las señoras parecen tener un poder extrasensorial para deducir las propiedades organolépticas de la fruta o verdura, simplemente por visión, sin necesidad de tocarlas, (aunque me he dado cuenta de que hay algunas que lo toquetean todo cuando el frutero no mira, igual ahí está el truco).
Y otra cosa... ¿El precio es caro, es barato? Eso antes me importaba un pimiento, pero ahora no. Ahora todo euro cuenta. Y la pregunta de rigor... ¿Está mas barato que en el mercadona? Me gustaría saberlo, pero como ya he dicho, no tengo ni idea de 'comparativa de precios aplicada'.
Ya me toca. Mi hijo, ayudando a su padre, decide que ese y no otro es el momento idóneo para convertirse en un Gremlin malo y salir corriendo. Visto de espaldas parece un pequeño chimpancé, sorteando gente. Voy a buscarlo rezando para que no se caiga y la marabunta de gente le pase por encima.
Lo alcanzo. Diego gruñe e intenta zafarse de mí. Estira constantemente. Y me pide el chupete y rosquilletas. ¿Pero que es esto? ¿Una prueba del Gran Prix?

Foto: On Becoming a Domestic and laboratory Goddes...
Hola soy Dieguito. A veces siento unos deseos irrefrenables de correr sin rumbo.
Cuando vuelvo, un poco acelerado, la dependienta me pregunta '¿Qué te pongo, cariño?'. Yo, que no estoy acostumbrado a la jerga de mercadillo en la que te pueden estar diciendo que te mueras pero siempre con el 'cariño' o el 'corazón' por delante, me ruborizo. Para acabarlo de arreglar, le espeto a la señora, a bocajarro:
Déme manzanas rojas de las que crujen, por favor
¿Manzanas de las que crujen?¿He dicho yo esto? Acabo de cavar mi propia tumba. Soy un cliente pésimo y tanto mi lenguaje verbal como el no verbal le está diciendo a gritos a la frutera:
Soy un mindundi fácilmente engañable. Póngame toda la fruta podrida que tenga.
La señora me mira raro, pero yo insisto:
Sí, de las que están ácidas, que crujen
La señora frutera tiene el día minimalista y mira, y mira...
Yo:...Sí, crujientes...de esas que no son harinosas.
Señora Frutera: Fuji. Las manzanas que quieres se llaman Fuji.

Foto: El mundo
Sí amigos, hay un universo paralelo formado por manzanas con nombres tan crípticos como Fuji, Reineta, Golden o Granny Smith...Y eso sólo las manzanas. Las peras aun tienen nombres más absurdos como 'peras de agua', 'peras limoneras' o 'peras conferencia'. Tanto bombo con la asignatura de Religión y la de Educación para la ciudadanía, y yo me pregunto: ¿Por que no dan éste tipo de información en los institutos? ¿Quien mueve los hilos para que vivamos en una especie de Mátrix manzanero? ¿Qué intereses ocultos tienen los gobiernos para que la población permanezca en la ignorancia? No lo sé amigos, pero algo huele a podrido en el mercado... Y no, no es una frase hecha.
La frutera dirá lo que quiera, pero yo pienso que 'Fuji' no es un nombre para una manzana, para un volcán, un ninja o un personaje de manga, sí, pero, ¿para una manzana? En cualquier caso, me lo callo que bastante he hecho ya el ridículo. La señora me lee el pensamiento y mientras me pone las manzanas, me ofrece una sonrisa de superioridad. Quizás me está poniendo las Fuji que ella me ha dicho o igual me está poniendo las del experimento con injertos que hizo su tío Anselmo antes de que lo encerraran en aquella 'casa de pensar'. En cualquier caso, ella tiene el poder.
En eso llega mi madre y compra también manzanas. Me fijo en ella y me parece una señora desconocida, hablando una jerga extraña, refiriéndose a las manzanas con adjetivos ignotos para mi y entablando un pulso psicológico con la frutera, tal que así (dramatización inspirada en hechos reales):
Madre: Pónmelas buenas que sino ya no vengo mas. Que la última vez tuve que tirar la mitad. Esa no, que está pocha. Y a mi niño se las habrás puesto buenas ¿no? Mira que no vuelvo.
Frutera: Mari, cariño, si las encuentras mejores por ahí, cómpralas. Pero lo dudo. Toma, corazón, ya verás que buenas. La pocha te la regalo. ( Pa´ chula yo) Y si al niño le salen malas las manzanas que me las traiga, que yo se las cambio.
PREGUNTAS SIN RESPUESTA: ¿Porque las mujeres se llaman 'Mari' entre sí, aunque se llamen algo tan alejado de 'Mari' como Ninotschka o Jaimita?
Dios mio, qué tensión. Miedo tenía a respirar por si alguna decidía que yo tenía la culpa de algo y se me tiraba a la yugular.
REFLEXIÓN: Es curioso cómo cambian tus padres cuando los ves en una situación ajena al ámbito familiar. Me pasa con mi madre y también con mi padre. Recuerdo cuando de pequeño me iba 'a trabajar' con él en el camión y lo veía hablar con los otros camioneros. Parecía una persona diferente. Haciendo bromas y hablando de temas distintos a los que tocamos en casa. Era extraño y bonito a la vez. Me pregunto si los hijos llegan alguna vez a saber cómo son sus padres realmente. A conocerlos de verdad.
Me doy cuenta -una vez más- de que estar en crisis me está enfrentando a un mundo nuevo. Y que quizás esto no sea tan malo y hasta puede ser que aprenda algo...
****************************************
AYER...
Querido Diario:
Hoy he vuelto al mercado yo sólo.
He ido directo al puesto de verduras y he pedido la vez. Las señoras que había diseminadas por la parada sin orden ni concierto se han girado y mirado extrañadas...Como si en lugar de un atractivo joven con el pelo entrecano y una interesante barba ejerciendo de amo de casa, hubiera aterrizado ante sus ojos un extraterrestre baboso supurando pus. ¿Pedir la vez con lo divertido que es colarse las unas a las otras?

¿Quien es la última para las manzanas que crujen? ¡Oiga! ¿DE QUE SE RIEN?
Como yo insisto en pedir la vez, una señora me dice, literalmente:
La última es mi hermana QUE NO ESTÁ, pero va detrás de mí. Yo me voy a por tomates allí (al quinto pino) pero a mi hermana le tengo guardada la vez. Si viene, va ella.
Y se da media vuelta, y desaparece por un pasillo pegando saltitos.
En resumen: no sé detrás de quién voy. El puesto es alargado y no paran de llegar marujas que se cuelan por todos los rincones. Sudores fríos me invaden.
Delante de mí se coloca una señora/asesora que viene con su hijo/aprendiz al lado. Me recuerda a mí mismo, la semana pasada. Se han colado por la tangente y se han colocado justo delante de mí sin ningún tipo de rubor.
En ese momento, una señora, que está en el puesto de al lado se gira, me mira fijamente, y me dice:
Aquí, si no espabilas, se te van a a colar todos.
Un escalofrío recorre mi espina dorsal. Joer, ha sido como en una película de terror cuando el que está más loco mira fijamente al protagonista y le suelta algo muy lúcido y muy terrorífico (¿Habéis visto 'Los sin nombre'?). Envalentonado me dirijo a la señora/delincuente y le digo:
YO: Disculpe señora... ¿Ustéd es la hermana de la señora que tenía que venir?
ELLA: (SIN DUDARLO UN INSTANTE) SI
En ese momento me doy cuenta de que el hijo mira hacia otro lado, avergonzado de los métodos rastreros que emplea la otrora santa mujer que le dio la vida. Eso acaba de decidirme: NO ME FIO
Gracias a los dioses la señora que se fue a por tomates ( por lo que ha tardado, ha debido ir a Murcia) aparece como por arte de magia y entonces yo, como si fuera el abogado fiscal hablándole al testigo principal del caso, en una película de juicios, le digo:
YO: SEÑORA...¿ES ÉSTA ES SU HERMANA?
SEÑORA DE LOS TOMATES: No, mi hermana está allí comprando aceitunas.
Entonces, dirigiendome con mucha rabia, pero muy digno, a la señora, le digo: '¡Ajá! Pues entonces, voy yo'.
¡JAJAJAJA! ¡Prueba superada! He ganado mi primera batalla en el mercado. De todos modos, algo me dice que no será la última. Porque ya domino el mundo de la hortaliza, sí, pero aún tengo que pasar la más dura de las pruebas... Tengo que comprarme unas alpargatas para ir a la playa así que la semana que viene voy al nucleo duro del mercadillo...

La semana que viene voy...¡a la zona de zapatería y textil!



mixcelaneas dijo
Viste? Todo es cuestión de práctica. A todo se aprende. Con unas cuantas veces más que vayas por el mercado y ya serás toda "una maruja", (todo un marujo, perdón) jejeje.
Saludossss.
21 Julio 2009 | 06:38 AM